listos y, me atrevería a decir, tenían buen sabor. Mi padre y mi hermana se han
abalanzado a por uno cada uno y les han gustado, y mi madre se ha llevado uno
para merendar en el trabajo. Desmoldarlos ha sido un poco complicado, porque he
usado moldes de metal plisados, pero con un poco de maña lo he conseguido.
Así que, una vez comprobado que salen ricos dejo aquí la
receta:
Para 12 magdalenas o 6 muffins.
150 gr de harina
2 yogures naturales
3 cucharadas de azúcar
2 cucharadas de aceite de oliva
Un cuarto de una calabaza pequeña (muy pequeña, si no usad
un sexto o así)
Un huevo
Un chorrito de leche
Un sobre de levadura
Primero se monta el huevo hasta obtener un líquido espumoso
(yo no he estado más de 10 minutos batiendo, porque no me daba el brazo) al que
se le añaden poco a poco los yogures sin dejar de batir enérgicamente. A
continuación incorporamos un chorrito de leche y las cucharadas de azúcar y,
una vez están mezclados esos ingredientes, añadimos el aceite.
Por otro lado mezclamos el harina (mis muffins son tan
oscuros porque he usado harina integral de espelta, que es muy nutritiva y
tiene más proteínas que la de trigo) con la levadura y se lo añadimos a los
ingredientes líquidos.
Si una vez mezclados los ingredientes consideramos que está
demasiado densa se puede añadir un poco más de leche.
Finalmente untamos los moldes con unas gotitas de aceite de
oliva y rellenamos hasta la mitad (dada la elevada cantidad de levadura que
lleva la receta sube mucho) y horneamos durante 35 minutos a 180-185 grados.
Si se desea se puede aromatizar con un poco de ralladura de
limón. Yo he utilizado una pizca de clavo en polvo, que le va muy bien a la
calabaza.
La ventaja de este tipo de recetas (lo mismo sucede con los
bizcochos de zanahoria) es que sustituimos parte de la harina y del azúcar que
llevaría la receta original por la fibra de la fruta, de modo que el aporte
calórico es menor.